8.3.06

Peloteros del mundo: ¡Uníos!


Despues de muchos siglos, me compre un libro. Para mi solita, no tengo que ir a renovarlo a la biblioteca, ni ir a anillar la fotocopia donde la tía. Tiene ese exquisito olor a libro nuevo, que emana de la mezcla del papel, la tinta y una tapa "a todo color" jajajaja.

Hace bastante tiempo que quería leer ese libro en particular. Tiempo atrás -mucho quizá- fuí a una especie de mesa de conversación en la Telefónica; estaban Gumucio y Martín Caparrós, un escritor argentino de brillante calva voluntaria y particular bigote a lo dibujo de chef italiano en un envase de salsa de tomate. Ahí, entre medio de todas las preguntas, risitas y demases, mencionó que estaba escribiendo un libro sobre el club de sus amores, Boca Juniors.
Me llamó altiro la atención. Al final de todo, espere que dejara de coquetearle una chica (por cierto el también le coqueteaba) y le hice una pregunta bastante ácida para su condición bostera: ¿Que sentiste en Colombia para la final de la Libertadores?


Mala yo, después de varias copas al hilo, Boca había perdido con el Once Caldas por penales. Le herí el orgullo, puse el dedo en la llaga. Pero de verdad mi pregunta era inocente, quería saber que se sentía alentar al equipo de uno fuera del país (después lo sabría). Claramente debía ser distinto.

-Bueno, fue extraño sabés...como siempre sómos la mitad más miles, que por una vez nos toque ser visita.- me dijo con una sonrisa cínica, casi con pica.


"Puta el hueón sobrado", me dije.


La verdad es que el libro es buenísimo. Todavía no lo termino, pero voy hacia el fin a páginas agigantadas. Es todo lo que puede esperar uno en un libro de fútbol: Anécdotas, descripciones de situaciones y lugares comunes, cantos y además historia de la sociedad en que que esta inmerso el club y sus hinchas. Bueno, en la presentación dice que es más que nada una historia de los hinchas, de los que siempre van a la "popular" -la galucha como le decimos nosotros- esos que cambian su causa política 40 veces en la vida, pero nunca cambian de camiseta.

A mi no me gusta Boca, menos después de lo que sucedió en la Sudamericana; me carga que se crean lo más grande del mundo, me carga que tengan tanta cueva para ganar cosas. Igual quede lela cuando entre a la Bombonera...no lo podía creer. El estadio más grande que conocía en mi vida es el Nacional, pero la Bombonera la cagó. Peor después cuando la "12" se pone a cantar y pareciera que la vieja estructura se viniera abajo.

Caparros describe bien ese ambiente, la sensación de entrar a este estadio, de subir por una eterna escalera tapizada en olores putrefactos y salir hacia la luz con la sensación de caerte al abismo. También describe los cambios sociales y culturales de Argentina: desde los criollos, pasando por los peronistas, llegando a los menemistas. La manera de entrelazar todas las capas de la sociedad argentina es buenísima.


Pero, una de las cosas que más me ha tocado hasta ahora, es la manera de describir sensaciones en la cancha. La manera de definir cosas que siempre uno supo, ya sea en el inconsciente ó porque alguien te dijo que así tenía que ser: los Códigos, la incondicionalidad, la alegría desbordante, esa pena que en un momento te hace pensar que se te acabó la vida. Todas aquellas cosas que nos definen como hinchas de fútbol y que son propiedades de todos los bien llamados hinchas alrededor del orbe. Todas esas acciones y reacciones por las cuales tantas veces nos llamaron locos, descerebrados, irresponsables.

"¿Cómo tanto, si son once hueones corriendo detrás de una pelota?"- dice alguien por ahí. Pero lo que todavía no entienden, ni creo que lo hagan, es que la incondicionalidad no es hacia la pelota, ni hacia los once que están dentro del campo, toda esa locura es por la camiseta.

Si, la camiseta, el escudo, los colores. Eso nos identifica, nos absorbe, nos acoge, nos hace parte de un 'algo' de dimensiones apoteósicas, con efectos inesperados. Ya sea por herencia, por elección ó ambas cosas, el abanderamiento que hay hacia el fútbol es como el matrimonio de antaño: para toda la vida. Con la diferencia de que en los malos momentos uno no llega y se vá...la posibilidad del divorcio es nula, nisiquiera es posible pensarla. La camiseta es para toda la vida, incluso hasta después de la muerte:

"El día que me muera, yo quiero mi cajón, pintado azul y blanco, como mi corazón"


"Porque tu eres mi pasión, yo te juro moriré en el tablón..."

Y así suma y sigue.

Que lindo es el fútbol cuando uno lo siente desde esta óptica.



Weeeeeeeeeeeeena...

que mas se puede decir casi lloro con tu finalizacion... simplemente GRANDE PAMEEEEEEEEEEE  


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